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domingo, 16 de marzo de 2008

Un optimista triste

Jorge Lanata
13.03.2008

Dice la televisión que “perdimos a un genio”. ¿Hace falta transformarlo en genio para sentir su muerte?Los engranajes del Grupo Clarín ya empezaron a lubricarse, como sucedió con la muerte de Fontanarrosa. Habrá suplementos especiales, videos, stickers, homenajes, ingresos post mortem. Es idiota decirlo así, pero Jorge Guinzburg no era un genio. Era un tipo talentoso. Tampoco hay muchos tipos talentosos. Fui su amigo por propiedad transitiva: yo era amigo de su amigo, Adolfo Castelo. Le gustaban los relojes, y creo que los coleccionaba. Era muy bajito. Muy bajito. Una vez Adolfo me contó lo que le costaba conseguir pantalones, por el largo de las piernas que nunca coincidía con el ancho de la cintura. Guinzburg era un tipo lúcido, ocurrente, de gran repentización, una especie de optimista desengañado que –a veces– parecía un poco triste.Me entrevistó muchas veces –siete u ocho, o más– y ahora lamento no haberlo entrevistado yo alguna vez. Introdujo el humor político en la televisión con La noticia rebelde y sólo tiene en ese podio la compañía de Tato Bores. En los últimos años, con Mañanas informales, se relajó como nunca antes, lo que le permitió crear grandes momentos: el pogo, por ejemplo, cuando al dar el top de las doce todos se volvían locos y el programa devenía en una gran manteada. En las últimas semanas preparaba su regreso, con el plan de dejar el programa en manos de su equipo al terminar el primer mes. Algo así me contó Ernestina Pais el sábado durante una tanda de la Rock and Pop.–Yo no quiero hacer eso. Estoy muy mal con todo este asunto, muy triste –me dijo.Creo que también me dijo que sin Jorge era mejor no volver, o que ella al menos no iba a hacerlo.Hablamos por última vez hace más o menos un mes atrás: yo le había pedido que participara de la fiesta de lanzamiento de Crítica de la Argentina y que tuviéramos un diálogo en el escenario para presentar el diario. Iban a operarlo en esos días y quedamos en volver a hablar a mediados de la semana siguiente. No volvimos a hablar. Guinzburg creyó que se le podía mentir a la Muerte: enfrentó su cáncer en silencio, bajo el caparazón de una complicación respiratoria o serios ataques de asma. Nadie es quién para juzgar su miedo o su silencio. Habrá que ver qué haremos todos nosotros cuando nos toque mirarla a los ojos. La Muerte es traicionera y llega antes, y me asombró enterarme esta mañana. Soy un hipócrita: sólo rezo cuando tengo un problema. Pero si de Dios hablamos, me gustaría creer que Jorge Guinzburg, como tantos otros, está ahora en algún sitio, mirándolo asombrado, en paz y sin la tristeza que cada tanto se le escapaba de los ojos.


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  • La pelota se volvió a manchar en la cancha

    VIOLENCIA UN HINCHA DE VELEZ MURIO DE UN BALAZO RECIBIDO ANTES DEL PARTIDO EN BAJO FLORES

    Emanuel Alvarez, de 21 años, era socio del club y viajaba en uno de los micros cedidos por la institución. El disparo salió desde las cercanías de un predio de Huracán. El partido ni comenzó.

    Todo estaba listo para una fiesta. La tarde soleada del Nuevo Gasómetro era el escenario de uno de esos partidos que, desde las tribunas, se vive como un clásico. Ya estaban los jugadores en la cancha. Los de Vélez lucían con orgullo su remera en homenaje a Jorge Guinzburg (“Nuestro hincha más chico era el más grande”, decía), los de San Lorenzo saludaban a su gente y Baldassi estaba a punto de hacer sonar su silbato por primera vez. Pero todo se paralizó.

    Desde la cabecera visitante, los hinchas de Vélez empezaron a mover el alambrado enérgicamente buscando ser el centro de la escena. Y rápidamente lo consiguieron. A partir de allí la confusión y las hipótesis empezaron a multiplicarse. En un principio se pensó que la protesta apuntaba al robo de una bandera, pero como la furia crecía cada vez más, la causa parecía ser otra. En este contexto, los jugadores de Vélez, con Maximiliano Bustos y Gustavo Balvorín a la cabeza, fueron acercándose hacia su hinchada sin entender bien todavía qué era lo que sucedía. Llegó el pedido de calma de los jugadores, ese que casi siempre contribuye a que la agresividad merme, pero esta vez no dio resultados.

    Todas las cámaras y todos los flashes apuntaban al mismo lugar. Allí, detrás del arco que debía defender en el primer tiempo Agustín Orion, cada vez había más hinchas de Vélez amontonados. “Mataron a uno, mataron a uno”, se leyó claramente en los labios de un joven que desesperado trataba de explicarles a los jugadores qué era lo que había ocurrido. Ellos ya habían tomado su decisión: no se jugaría el partido.

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  • Talento argentino para el gobierno de Francia

    EL EX REPRESOR QUE ASESORA EN “INTELIGENCIA ECONOMICA” A SARKOZY Y ES VINCULO CON LOS PARA DE COLOMBIA

    Mario Sandoval hizo su aprendizaje en la nefasta Coordinación Federal y luego se “internacionalizó” como “experto”. Hizo buenos amigos entre la derecha armada de Colombia y en medios de inteligencia y universitarios franceses.

    Por Nora Veiras
    Con casi 55 años se desdibujaron los motivos que le hicieron ganar el mote de “Churrasco”. “Era buen mozo, un ‘churro’, como se decía antes”, comenta un memorioso al referirse a Mario Alfredo Sandoval, profesor de ciencias políticas radicado en París y miembro del Consejo de Defensa del presidente de Francia Nicolas Sarkozy. El currículum estelar tiene un pasado oscuro: en los setenta, como egresado de la Escuela de Policía Ramón Falcón, actuó en Coordinación Federal de la mano de represores de la talla de Evaristo Basteiro, jefe del centro clandestino que funcionaba en esa dependencia. También supo brindarle “servicios” a la Marina. El hombre viene acumulando pergaminos y hace gala de sus contactos en Colombia: como parte de la comitiva francesa llegó a integrar las negociaciones para liberar a Ingrid Betancour. Claro que perdió protagonismo porque sus “amigos” están del lado de los paramilitares y no son la mejor carta de presentación para llegar a los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

    Por Nora Veiras
    Con casi 55 años se desdibujaron los motivos que le hicieron ganar el mote de “Churrasco”. “Era buen mozo, un ‘churro’, como se decía antes”, comenta un memorioso al referirse a Mario Alfredo Sandoval, profesor de ciencias políticas radicado en París y miembro del Consejo de Defensa del presidente de Francia Nicolas Sarkozy. El currículum estelar tiene un pasado oscuro: en los setenta, como egresado de la Escuela de Policía Ramón Falcón, actuó en Coordinación Federal de la mano de represores de la talla de Evaristo Basteiro, jefe del centro clandestino que funcionaba en esa dependencia. También supo brindarle “servicios” a la Marina. El hombre viene acumulando pergaminos y hace gala de sus contactos en Colombia: como parte de la comitiva francesa llegó a integrar las negociaciones para liberar a Ingrid Betancour. Claro que perdió protagonismo porque sus “amigos” están del lado de los paramilitares y no son la mejor carta de presentación para llegar a los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

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