JOSÉ MANUEL ROMERO - Madrid - 09/03/2008
Las décimas elecciones generales de la democracia, que se celebran hoy, desprenden un intenso olor a bipartidismo y llegan, tras el atentado que acabó con la vida del ex concejal socialista Isaías Carrasco, con la misma pesadumbre de otras citas marcadas por el zarpazo del terrorismo.
Nunca como ahora se había orillado tanto en el debate público a las formaciones minoritarias que buscan un hueco para influir en el Congreso. Y eso a pesar de que, si los sondeos aciertan, estas fuerzas políticas escribirán con su voto el nombre del futuro presidente. La voz de los pequeños apenas se ha escuchado en medio del estrépito electoral desencadenado por los dos debates que han enfrentado a Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero.
Hacía 15 años que los aspirantes a presidente no confrontaban argumentos en campaña y ante las cámaras. Cuando lo han hecho, 13 millones de votantes han seguido atentos el desenlace de la partida. El gigantesco faro que alumbró los dos duelos televisados dejó en la penumbra los alrededores de la batalla por el poder donde IU, ERC, PNV o CiU intentaban pescar votos. Por eso, estas elecciones parecen conducir, como nunca antes, a un escenario de bipartidismo, donde el PSOE y el PP se repartirán la inmensa mayoría de los 350 escaños en juego y dejarán unas migajas, ya se verá si decisivas, a media docena de partidos.


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