DANIEL AYLLÓN - Madrid - 10/03/2008 20:59
El abogado ecuatoriano César Ganchoso, de 40 años, ha pasado los últimos 11 meses limpiando baños, mesas y cristales en un edificio de oficinas de Barcelona. Su visado de turista caducó en diciembre de 2004 y desde entonces deambula por España en busca de un puesto de trabajo en la economía sumergida. “Tarragona, Alicante, Barcelona, Madrid... Es difícil encontrar empleo sin tener papeles, pero trabajaré donde haga falta para quedarme en España”, asegura.
Como él, miles de profesionales como el futbolista internacional Lupo Guerrero (Ecuador), la bióloga Inés Comilla (Colombia) o el médico Cosme Sainz (Argentina) trabajan como cuidadores, camareros, limpiadores u obreros. Forman parte de una colonia de más de 1.100.000 latinoamericanos que han llegado a España huyendo de las crisis económicas de Argentina o Ecuador o las políticas de Colombia, Venezuela o Perú, entre otros países. Por procedencia la mayoría son ecuatorianos (33%), colombianos (21%) y peruanos (9%).
Aunque la mayoría de la colonia llega a España sin titulación universitaria, su nivel educativo es superior al del resto de inmigrantes. “Las clases bajas de sus países de origen no pueden comprar un billete de avión para España y los que emigran suelen ser gente medianamente preparada”, explica Carlos Malamud, investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano. Pero señala un riesgo para sus países: “Esta fuga de cerebros es una gran pérdida de capital humano y a largo plazo devastará sus economías, aunque ahora se esté compensando con las remesas”.
En 2007, los inmigrantes enviaron desde España 8.269 millones de euros. De éstos, Latinoamérica recibió el 70%, a pesar de que su colonia sólo representa el 33% de los extranjeros que viven en el país.


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