viernes, 14 de marzo de 2008

La triste despedida

Nadie quiso faltar en la ceremonia en la que se despidió a Jorge Guinzburg, ayer al mediodía en el cementerio de La Tablada. Cientos de personas obligaron a la policía a cortar las calles: su público, además de los famosos, quiso estar presente.

En la intimidad, sin cámaras fotográficas o televisivas que registraran la ceremonia en el Cementerio Judío de La Tablada, inhumaron ayer los restos de Jorge Guinzburg. Mañana calurosa y soleada "tal como a él le hubiera gustado", -advertían familiares, amigos, colegas (y hasta simples televidentes agolpados en el lugar) que despidieron al hombre orquesta, periodista-conductor-guionista- humorista fallecido a los 59 años. Una frase del Rabino Sergio Bergman bastó para que la multitud coincidiera y aplaudiera: "El cuerpo se detuvo, pero las acciones no".

El hombre "de envase chiquito y corazón descomunal", ese "creador de su propio multimedio" como se escuchó definirlo ayer, tuvo una despedida sencilla pero intensa. Privada pero a la vez multitudinaria.

A las 10, los alrededores del cementerio ya no podían transitarse con normalidad. No sólo los allegados al conductor de Mañanas informales (fallecido tras una afección pulmonar) sentían necesidad de acercarse para decir adiós. Su público también quería ser parte. Chicos que se ausentaron de la escuela, admiradoras compungidas con sus ramitos de flores como ofrenda, hinchas de Vélez Sarsfield (el equipo de sus amores) exhibiendo banderas y camisetas, abuelas con letreros especialmente preparados, curiosos que bajaban de sus autos para sumarse a las filas.

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